Oda al algarrobo muerto
de Pablo Neruda

Caminábamos desde Totoral
polvoriento era nuestro planeta
la pampa circundada por el celeste cielo
calor y clara luz en el vacío.
Atravesábamos Barranca Yaco
hacia las soledades de ongamira
cuando tendido sobre la pradera
hallamos un árbol derribado
un algarrobo muerto.

La tempestad de anoche levantó
sus raíces argentinas y las dejó
crispadas como una cabellera
de frenéticas crines clavadas en el viento.

Me acerqué y era tal su fuerza herida
tan heroicas sus ramas en el suelo
irradiaba su copa tal majestad terrestre
que cuando toqué su tronco yo sentí que latía
y una ráfaga del corazón del árbol
me hizo cerrar los ojos y bajar la cabeza.

Era duro y arado por el tiempo
una firme columna trabajada
por la lluvia y la tierra,
y como un candelabro repartía
sus redondeados brazos de madera
desde donde luz verde y sombra verde
prodigó a la llanura.

Al algarrobo duro, firme como una copa de hierro
llegó la tempestad americana
el aguilón azul de la pradera
y de un golpe de cielo derribó su hermosura.

Allí quedé mirando lo que hasta ayer
enarboló rumor silvestre y nidos
y no lloré porque mi hermano muerto
era tan bello en muerte como en vida.
Me despedí y allí quedó acostado sobre la tierra madre,
dejé el viento velándolo y llorándolo
y desde lejos ví que aún acariciaba su cabeza.

Totoral, 19 de Enero de 1956

Volver a Departamento Guemes-Explotación Forestal Volver a Departamento Guemes- Flora